–> EL SALVADOR

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Como saben, el que Toy no haya podido con la subida de Panajachel, nos preocupó, por eso como familia decidimos tener una plática muy importante para saber si debíamos continuar o si el hacerlo iba a ser un riesgo para La Toy y para nosotros. Y aprovechando la plática, nos hicimos varias observaciones como familia, lo que nos gustaba o no nos gustaba de cada quien y que podría ayudarnos para ser mejores y no tener problemas, porque como sabrán, no todo es miel sobre hojuelas, obvio tenemos nuestras diferencias, nada serio, creo que es normal en cualquier familia, pero nosotros estaremos juntos todo el día, todos los días durante todo un año, así que debemos de encontrar la manera en que todo sea más leve y que podamos aclarar cualquier mal entendido en el momento preciso.
Y bueno, así decidimos salir rumbo al Salvador, a pesar de las dudas y de algunos comentarios hechos por la gente acerca de ese país y es que muchos decían que no había nada que ver ahí y que era muy peligroso, incluso cuando llegamos a la frontera de Guatemala con el Salvador, las mismas personas de ahí nos lo comentaron, nos pidieron que tuviéramos mucho cuidado tanto con nosotros como con las cámaras y el vehículo.
Por supuesto que no esperábamos escuchar ese tipo de comentarios, menos por personas nativas del país. Pero no importó, esa es parte de la aventura y desde que empezamos a planear este viaje, los 3 sabíamos que estábamos expuestos a cualquier cosa.
En la aduana pensamos que iba a ser igual de fácil que en Guatemala, pero no, tardamos 2 horas haciendo los papeleos necesarios, a demás de un chequeo médico que pasamos sin problemas.

Llegando a la capital sabíamos que teníamos que buscar un lugar donde dormir, pero no sabíamos en donde. Encontramos una calle que para nuestro gusto era buen lugar para pasar ahí la primera noche, mientras encontrábamos algo mejor y con lo necesario para quedarnos unos 5 días ahí. Bajamos a preguntar a los habitantes de ese lugar si no había problema con que dejáramos a Toy fuera de su entrada, para ellos problemas no había, el problema era para nosotros porque la zona no era muy segura, de hecho varias personas de ahí nos insistieron en que de preferencia no nos quedáramos porque en las noches se ponía peor, que pasaban muchos borrachos, etc.
Y bueno, eso no es lo que nosotros estábamos buscando, así que aprovechamos la luz del día para dejar a la Toy estacionada y nosotros bajarnos caminando para buscar un lugar.
Así fue como llegamos a la delegación de policías, quienes nos dieron muchísima seguridad para quedarnos ahí. El inspector fue muy amable y todos nos brindaron todo su apoyo. No teníamos un lugar fijo, de hecho seguíamos en la calle, tampoco teníamos ni luz, ni agua, pero con saber que íbamos a dormir con vigilancia profesional, fue más que suficiente. Pasamos a la Toy a su nuevo sitio, cerramos ventanas y todo, y nos fuimos a caminar y a buscar un lugar para poder comer. Así mismo aprovechamos para ubicar el hospital Bloom, que sería el lugar donde haríamos visita.
Llegamos al hospital sin ningún problema, tuvimos la oportunidad de conocer a Warner, el policía que nos permitió la entrada y nos llevó con la trabajadora social para que nos permitiera hacer visita. Más que un policía es un excelente ser humano, preocupado no sólo por cumplir su labor, sino por hacerla con amor y ayudar en lo que más pueda, hasta se ofreció para ser nuestro guía de turistas y a demás para buscarnos un lugar mejor en donde poder estacionarnos.
El punto es que no pudimos hacer visita por cuestiones de la influenza que allá está en su peor momento y pues bueno, nos quedamos con las ganas.
Pero nosotros aun teníamos una misión y era buscar una opción más para estacionar a Toy y a demás, teníamos un hambre que ya imaginarán y es que por lo general los días que salimos a otro país, nos levantamos muy temprano para no agarrar la carretera de noche, entonces no desayunamos y comemos hasta ya haber llegado sanos y salvos a nuestro destino, por eso es que ese día nos damos el lujo de buscar un lugarcito en donde comer. Así que continuamos con nuestra búsqueda, y el plan era llegar a una pupusería, que es el lugar donde venden pupusas, que son famosas aquí en el Salvador, y son lo que en México nosotros llamamos gorditas, solo que aquí son un poco más saludables jaja, están hechas de queso y loroco (una vaina) o de frijoles con queso, que son como las más tradicionales. Pero tampoco pudimos llegar ahí, y es que se nos atravesó un centro comercial y pues a mi mamá y a mi nos brillaron los ojos de tan sólo ver el gran tamaño que tenía, lo curioso fue que tampoco llegamos ahí jajaja. Y esta vez fue porque los 3 pensamos en voz alta al ver tan hermoso y grande hotel frente a nosotros. Yo me imaginé durmiendo en una suite presidencial jajaja, mi mamá recordó cuando viajamos a Miami y nos hospedamos en un Hotel de la misma cadena hotelera y mi papá, se hizo nadando en su alberca jaja, pero todos nos ubicamos en una misma idea que mi papá fue el primero en manifestar…”Se imaginan durmiendo aquí con la Toy?”
Y pues a partir de esa frase, los 3 comentamos que parquear ahí estaría buenísimo tanto por la seguridad, como por la ubicación y las facilidades como Internet, luz y agua.
Pues por qué no intentarlo? No perdíamos nada haciéndolo, así que entramos muy seguros los 3 al Hotel Real Intercontinental (que por cierto está divino) preguntando por el gerente.
No pudimos hablar directamente con el, así que le contamos nuestra aventura a su secretaria, un amor de persona que desde el principio nos recibió con una enorme sonrisa y pues escuchó nuestra petición jaja, se la comunicó a Joel, el gerente y esperamos la respuesta…
Y bueno, la respuesta fue: “No, aquí en el parqueo del hotel no se pueden quedar porque está saturado, pero me dijo me jefe que se comunicó con el gerente de Metrocentro, que es la plaza que está al frente y que también forma parte del hotel, para que puedan quedarse ahí los días que ustedes necesiten, esta bien?”
No pues como no iba a estar bien????  Recuerdan aquel centro comercial que se nos cruzó en el camino, pues ese es Metrocentro, el centro comercial más largo de Centroamérica y desde ahora sería nuestro hogar!
No lo pensamos ni dos veces, fuimos por la Toy para traerla al mall, en donde Don Carlos ya nos esperaba para ubicarnos y darnos indicaciones.
Que maravilla, de nuevo aparecen los ángeles del camino y nos abren las puertas!
Ahora estábamos mucho más tranquilos, caminamos esa noche, solo en una pequeña parte del centro comercial, fuimos a comer, más bien cenar porque la hora de la comida ya había pasado y después de una platiquita en familia, dormimos muy a gusto.
Al día siguiente nos fuimos a turistear al centro, no sin antes pasar al hotel a conocer la cara de nuestro principal angelito y a darle las gracias personalmente por tan amable gesto hacia nosotros. Y de verdad que no saben que linda persona, bueno, él y todo el staff del lugar que a demás nos tenían una guía de los lugares interesantes y tips del Salvador.
Del centro no hay mucho que contar, bueno, mas bien hay mucho que contar pero no porque hayamos pasado mucho tiempo ahí, al contrario, empezando porque los mismos camioneros no nos recomendaban ir hasta allá caminando, ya que era muy peligroso. En realidad a nosotros nunca nos pasó nada, pero el llegar y ver el lugar, así en esas condiciones de descuido y con calles medio oscuras y cerradas, pues si nos hizo tener más cuidado, pero no por eso nos fuimos de ahí. Seguimos caminando hasta llegar a la catedral que lleva el nombre del país “El salvador” que por cierto nos dejó impactados con su hermosura. Es algo que no habíamos visto antes, una catedral que a demás de enorme, es bastante diferente a lo que estamos acostumbrados, el techo tiene unos acabados increíbles, parece tapete y hasta marea! Y pues ahí, nos quedamos un rato para apreciarla mejor y tomar unas cuantas fotitos.
Al día siguiente nos esperaba lo mejor, lo que tanto anhelábamos, las playas!
Y después de un laaargo camino y de toda una aventura en un bus que llevaba a más personas de las que debería llevar, llegamos al puerto de la libertad, en donde teníamos que tomar otro bus para llegar a la playa el Tunco. Llegando ahí, el mareo del bus y los desagradables olores que en el se percibían, se nos olvidaron. Y más por la linda y cómoda posada a la que llegamos, en donde compartíamos cocina, lap y sala de estar con muchos extranjeros, entre ellos unos chicos de Israel que practicaban surf y que a demás cocinaban delicioso!
El lugar era perfecto, y una noche fuera de la Toy no nos caería nada mal, así que nos instalamos ahí, nos alistamos para la playa y al llegar…woooow! Encontramos una playa muy diferente a lo que conocemos, sin camastros, sombrillas y mucho menos gente moviéndote la pancita ni untándote aceite de coco.
Aquí todo era arena y mar.
Arena de color negro, muy brillante y sobre todo muy caliente. Y el mar, era de tonos café y gris por la misma arena y por lo picado de las olas, que de hecho son famosas por ser las mejores olas para surfear, y pues ninguno de nosotros hemos experimentado ese deporte tan extremo, así que sólo estuvimos en la orillita o sentados en la arena disfrutando del panorama y del espectáculo que los surfers nos daban. Pero después de un rato de tanto sol, ya era tiempo de irnos a comer unos ricos mariscos, sólo que mi papá parecía niño chiquito y quería seguir dentro del mar jaja, como si nunca hubiera ido.
Estar ahí fue perfecto, lo disfrutamos mucho, pero estar en la posada “Luna” también nos gustó y es que tenía la perfecta ambientación y una agradable compañía, de hecho pudimos conocer a los dueños y creadores del lugar; Beto y Maribel quienes al día siguiente nos presentaron al alcalde del puerto de la Libertad, quien nos llevó a conocer el muelle turístico del lugar, donde compramos unos ricos filetes para comer.
Fácil podríamos habernos quedado unos días más por allá, pero la verdad ya extrañábamos mucho a la Toy, y no es que las camas de la posada fueran incómodas, pero ya estamos más que acostumbrados a dormir en nuestro camioncito y pues no hay nada mejor que dormir en tu cama, entonces nos regresamos, comimos y nos fuimos a conocer todo lo que nos faltaba de Metrocentro que era demasiado, tanto que fuimos de los últimos en salir de la plaza.

Como ven la pasamos muy bien independientemente de los comentarios que nos hacían dudar, por eso es que hemos decidido vivirlo por nuestra cuenta, y porque una vez más comprobamos que nunca estamos solos.